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Día Internacional de las Mujeres y las Niñas en la Ciencia: historias de vocación, esfuerzo y superación en la UCH


Día Internacional de las Mujeres y las Niñas en la Ciencia: historias de vocación, esfuerzo y superación en la UCH

Administrador

2026-02-11

Cada 11 de febrero, el mundo conmemora el Día Internacional de las Mujeres y las Niñas en la Ciencia, una fecha que invita a reflexionar sobre la importancia de la igualdad de oportunidades, el reconocimiento del talento femenino y la necesidad de derribar prejuicios históricos en los ámbitos científicos y tecnológicos. En este contexto, la Universidad de Ciencias y Humanidades (UCH) reafirma su compromiso con una formación académica inclusiva, humanista y basada en el mérito, destacando el trabajo, la perseverancia y la vocación de mujeres que hoy ocupan roles clave en la ciencia, la investigación y la formación universitaria.

Las historias de siete profesionales que forman parte de la comunidad UCH evidencian que el camino hacia la ciencia no siempre es sencillo, pero sí profundamente transformador cuando existe convicción, acompañamiento institucional y pasión por el conocimiento.

Katherine Lissett Paredes Guerrero: abrirse paso en la ingeniería ambiental

Para la Mag. Katherine Lissett Paredes Guerrero, coordinadora del Programa de Estudios de Ingeniería Ambiental de la UCH, si bien durante su etapa universitaria no enfrentó prejuicios directos, estos aparecieron arraigados dentro del ejercicio profesional. Relata que, en más de una oportunidad, al llegar a trabajos de campo o reuniones técnicas, su rol fue puesto en duda únicamente por ser mujer. “En ocasiones puntuales, por ser mujer y joven, se asumía que era la asistenta y no la ingeniera a cargo”, señala, explicando que esta situación la obligó a demostrar permanentemente su capacidad técnica, liderazgo y dominio del área ambiental para ganar legitimidad y respeto en espacios históricamente masculinizados. “Aunque en un inicio me generaron una ligera incomodidad, también representaron una buena oportunidad para demostrar mis conocimientos y capacidades. Las afronté con seguridad, preparación técnica y profesionalismo, lo que hizo que mi rol como ingeniera a cargo quedara claro y que se consolidara un ambiente de respeto”.

Desde esa experiencia, la docente enfatiza la importancia de fortalecer la seguridad personal y académica desde etapas tempranas. “A las niñas y adolescentes que sueñan con estudiar Ingeniería Ambiental u otra carrera científica, les digo que confíen en ustedes mismas y en sus ganas de aprender. No permitan que los estereotipos o comentarios de otros frenen sus decisiones. La ciencia y la ingeniería necesitan curiosidad, pasión y dedicación, y lo mejor es que esas cualidades ya las tienen. Si sienten interés por estas áreas, atrévanse a seguir ese camino; su talento y su mirada son de mucho valor y pueden marcar la diferencia, tanto en la sociedad como en el cuidado del ambiente”, afirma. Añade que confiar en sí mismas y perseverar es clave para abrir caminos y convertirse en referentes para otras mujeres que desean seguir carreras científicas y de ingeniería.

Mirian Quintana Correa: perseverar en los espacios de laboratorio

La Mag. Mirian Quintana Correa, coordinadora de Laboratorios de la UCH, recuerda que los prejuicios comenzaron incluso antes de ejercer profesionalmente. Durante su etapa de estudios, comentó: “El prejuicio que experimenté fue la subestimación de mis capacidades, en la exigencia de tener que demostrar más que otros para que mi trabajo fuera tomado en serio. Muchas veces se asumía que podía apoyar, pero no liderar o tomar decisiones técnicas”.

En esta etapa de formación, percibió una constante desconfianza hacia la capacidad de las mujeres para desenvolverse en espacios técnicos y experimentales. “Había la idea de que el laboratorio era un lugar rudo, complejo y más adecuado para los hombres”, comenta, indicando que esa percepción también se trasladó a su vida laboral, donde sintió que debía esforzarse más para que sus decisiones técnicas fueran valoradas. Aun así, aprendió que el conocimiento, la disciplina y la constancia hablan más fuerte que cualquier estereotipo.

“Ya en el ejercicio profesional, el prejuicio se manifestó en algunos aspectos, como tener que justificar mis decisiones técnicas, que se minimice el esfuerzo y la responsabilidad que implica coordinar un laboratorio, enfrentar situaciones de desigualdad en el trato, reconocimiento o carga laboral”. En algunos momentos sintió que, pese a la experiencia acumulada, no siempre se valoraba su trabajo de la misma manera, “lo cual ha sido una de las experiencias más desgastantes, pero también formativas”.

Frente a ello, su consejo para las jóvenes es claro y firme. “Que no permitan que los comentarios negativos o los estereotipos definan sus decisiones. La ciencia necesita mujeres, necesita sensibilidad, disciplina, creatividad y responsabilidad, cualidades que muchas niñas ya tienen desde temprana edad”, sostiene. Enfatiza que equivocarse también forma parte del aprendizaje científico y anima a las estudiantes a asumir los retos sin miedo. “El camino no siempre será fácil, pero vale la pena. Habrá momentos de cansancio, de frustración y de injusticia, pero cada reto fortalece. Que busquen apoyo, referentes y que confíen en sí mismas incluso cuando otros no lo hagan. Elegir la ciencia es elegir aprender todos los días y contribuir al bienestar de la sociedad. Y ellas tienen todo el derecho y la capacidad de estar allí”, afirma la coordinadora de Laboratorios de la UCH.

Rosemary Asorza Nicho: liderar sin renunciar a la identidad

Para la Mag. Rosemary Asorza Nicho, docente del Programa de Estudios de Ingeniería Industrial de la UCH, uno de los prejuicios más frecuentes fue la desconfianza hacia el liderazgo femenino, especialmente cuando este se ejerce con convicción y firmeza. Relata que, al iniciar su carrera, encontró resistencia para asumir cargos de responsabilidad, pues se asociaba el liderazgo técnico con figuras masculinas. “En algunos espacios sentí que tenía que probar más que otros para ser tomada en serio”, explica.

“Un salto significativo fue cuando fui nombrada Gerente de Operaciones, siendo la primera mujer en ese cargo. El desafío no solo era operativo —sincronizar inventarios, cambiar sistemas—, sino también cultural. Recuerdo especialmente al contador externo, que en reuniones me pedía que tomara notas, asumiendo que no estaba a cargo. Tuve que ser muy clara: le recordé sus funciones y que su desempeño sería evaluado. Fue un momento incómodo, pero necesario. A partir de ahí, la dinámica cambió. Demostramos que el liderazgo se mide por resultados y logramos transformar la operación”, enfatiza.

Posteriormente, en una empresa metalmecánica liderada por una mujer, vivió el contrapunto: un ambiente donde el talento era lo único que importaba. “Allí, mis ideas se valoraban por su mérito técnico, no por su género. Esa experiencia me confirmó que la diversidad no es solo justa, es eficiente: enriquece los procesos y acelera la innovación”.

Desde esa vivencia, recomienda a las jóvenes no renunciar a su esencia para encajar en moldes impuestos. “No dejen que nadie les diga ‘eso no es para ti’. Si sienten curiosidad por cómo funcionan las cosas, si les gusta resolver problemas o descubrir respuestas, están hechas para la ciencia”. La ingeniería, la tecnología, las matemáticas y demás necesitan su creatividad, su mirada detallista y su perseverancia, afirma. Añade que la ingeniería necesita profesionales con visión integral y humana, y que creer en la propia capacidad es el primer paso para transformar entornos laborales y sociales.

Gina Lorena Fajardo Cruz: romper estereotipos en la Enfermería

La Lic. Gina Lorena Fajardo Cruz, coordinadora del Programa de Estudios de Enfermería de la UCH, señala que uno de los prejuicios más persistentes ha sido reducir su profesión a un rol meramente asistencial. “Muchas veces se subestima la capacidad de liderazgo, gestión e investigación que puede tener una enfermera”, comenta, indicando que esta visión limita el reconocimiento del aporte científico de la Enfermería en el sistema de salud.

“Uno de los principales prejuicios que enfrenté fue la idea de que no podría equilibrar mis estudios con mi rol de madre y esposa. Más adelante, en el ejercicio profesional, también encontré estereotipos que limitaban el rol de la mujer en las ciencias de la salud, reduciéndolo únicamente al ámbito asistencial. Frente a ello, respondí con disciplina, constancia y resultados, transformando cada prejuicio en una motivación para seguir creciendo y asumir mayores responsabilidades”, destaca la coordinadora de Enfermería.

Ante ello, su mensaje a las futuras profesionales es inspirador. “Crean en su capacidad. La ciencia no es solo para unas pocas, sino para quienes tienen curiosidad, compromiso y vocación de servicio. El género no define el talento. Persistan, incluso cuando el entorno no acompañe, y rodéense de personas que impulsen sus sueños. La ciencia necesita más mujeres decididas a transformar realidades”, expresó la coordinadora del Programa de Estudios de Enfermería de la UCH, quien invita a las jóvenes a seguir formándose, especializarse y asumir espacios de decisión.

Melissa Ángela Martínez Ramos: llegará el día en que la participación de una mujer en la ciencia dejará de ser motivo de sorpresa

La Mag. Melissa Ángela Martínez Ramos, coordinadora del Programa de Estudios de Nutrición y Dietética de la UCH, ha construido su trayectoria académica y profesional enfrentando prejuicios que aún persisten en el ámbito científico. Formada en el pregrado en la Universidad Nacional Federico Villarreal y con estudios de maestría en la Universidad de Barcelona y la Universidad Rovira i Virgili, señala que uno de los estigmas más recurrentes que vivió fue la idea de que “las mujeres no nos interesamos por la ciencia y que nuestros intereses se limitan únicamente a ámbitos como la belleza, la moda o la cocina”, una percepción que califica como equivocada y reduccionista. Para la especialista, estos prejuicios no solo afectan la decisión inicial de estudiar una carrera científica, sino que también se manifiestan durante el ejercicio profesional, marcando diferencias injustificadas que aún deben ser superadas.

Desde su experiencia, la Mag. Martínez Ramos afirma que la ciencia no está condicionada por el género, sino por la curiosidad, la disciplina y el compromiso. “La ciencia no está determinada por el género. Todas las personas tenemos la capacidad de desarrollarnos en el ámbito científico, cada una desde intereses particulares y con distintas habilidades”, sostiene, remarcando que los estereotipos que intentan definir el rol de una persona según su sexo deben desaparecer. Aunque reconoce avances importantes en los últimos años, considera que todavía queda un camino por recorrer para que la participación de las mujeres en la ciencia sea vista con total naturalidad y no como una excepción que genera sorpresa.

En ese sentido, su mensaje para niñas y adolescentes que desean seguir una carrera científica es claro y directo. “Les aconsejaría que lo hagan sin dudarlo”, afirma, recordando que a lo largo de la historia las mujeres han demostrado ampliamente su capacidad para contribuir al avance del conocimiento. Frente a una sociedad que aún cuestiona la objetividad, fortaleza o capacidad de las mujeres, la coordinadora del Programa de Estudios de Nutrición y Dietética de la UCH destaca la importancia de la convicción, la perseverancia y el compromiso, no solo como una apuesta personal, sino también como una contribución al desarrollo científico y al progreso del país.

Meyluz Mónica Paico Campos: confiar para innovar en tecnología

La Mag. Meyluz Mónica Paico Campos, ingeniera de sistemas e integrante de la Unidad de Investigación de la Facultad de Ciencias e Ingeniería de la UCH, recuerda que desde sus años de estudiante enfrentó comentarios que cuestionaban la presencia femenina en carreras tecnológicas. “Cuando empecé a estudiar Ingeniería de Sistemas, me encontré con comentarios muy comunes, como que la carrera era ‘muy difícil’ o que no era para cualquiera. A veces sentía que dudaban de mí antes incluso de ver lo que podía hacer. Al principio fue incómodo, no lo voy a negar, pero lo enfrenté preparándome mejor, aprendiendo por mi cuenta, investigando y manteniéndome actualizada en tecnología”, confiesa, señalando que esa experiencia la motivó a prepararse más y demostrar que la innovación no tiene género.

“Poco a poco entendí que la mejor forma de responder al prejuicio es con resultados y seguridad en uno mismo”. Meyluz también resalta que es de mucha ayuda rodearse de personas que apoyan y creen en el trabajo en equipo.

Desde su rol como investigadora, alienta a las jóvenes a creer en su potencial. “Les diría que no se limiten por lo que otros dicen. Si les gusta la ciencia, la tecnología o investigar, sigan esa curiosidad. No hace falta saberlo todo desde el inicio, eso se aprende en el camino”.

“No tengan miedo de equivocarse, porque equivocarse también es parte de aprender. Que busquen apoyo, pregunten, participen y confíen en que sí pueden. La ciencia necesita personas con ideas distintas y ganas de cambiar las cosas”, afirma. Recomienda no temer al error y asumirlo como parte del proceso creativo. “Cada paso, incluso los fallidos, construye conocimiento y fortalece la confianza”, sostiene.

Vania Yulisa Abanto Castro: ampliar horizontes desde la investigación

Para la Lic. Vania Yulisa Abanto Castro, investigadora en Enfermería de la UCH, uno de los mayores retos fue romper con la idea de que su carrera no tenía un fuerte componente científico. “Al inicio no imaginaba el impacto que la investigación podía tener en mi formación”, señala, explicando que descubrir esta dimensión amplió su visión profesional y personal.

“El mayor prejuicio que experimenté es que se piensa que una enfermera solo puede y debe trabajar en un hospital; si no, no es enfermera. Sin embargo, la universidad me permitió conocer otros campos laborales de la Enfermería, entre ellos la gestión, la enfermería comunitaria, la docencia y la investigación, siendo esta última la de mi preferencia, ya que una enfermera aporta a la salud pública de una forma diferente, haciendo investigación. Aprender ello contribuyó a superar los prejuicios de la carrera de Enfermería”, destaca Vania.

“La ciencia es un mundo aún poco conocido en la realidad peruana. Descubrirlo e integrarlo abre muchas puertas en el ámbito académico y laboral; por lo tanto, no se debe dejar pasar la oportunidad de estudiar una carrera científica, de esa forma se podrán aprovechar los innumerables beneficios de pertenecer a una comunidad científica”. Por ello, aconseja a las estudiantes explorar todas las oportunidades que ofrece la universidad. “No se queden con una sola versión de su carrera. Investigar les permitirá entender, cuestionar y mejorar la realidad”, afirma. Destaca que la curiosidad y el compromiso social son motores fundamentales para una ciencia con impacto humano.

Alicia Katherine Alva Mantari: transformar la adversidad en motivación

MSc. Alicia Katherine Alva Mantari, docente investigadora de la UCH y universitaria de primera generación, relata que su mayor desafío estuvo en enfrentar prejuicios sociales y limitaciones económicas. “Muchas veces escuché que estudiar tanto no valía la pena”, recuerda, señalando que estas ideas provinieron incluso de su entorno más cercano.

“Cuando decidí estudiar en la universidad y seleccioné la UNI, fue nuevo para mi familia, debido a que soy universitaria de primera generación; mis padres, tíos o abuelos no habían asistido a la universidad previamente. Esto ocasionó un choque generacional importante, haciéndoles difícil entender qué era lo que estaba pasando por la sola idea de ir a la universidad ‘a perder tiempo y dinero’ cuando podría estar trabajando y apoyando en casa. Fue en ese momento difícil de aceptar, ese momento crucial, donde conté con el apoyo decidido de mi mamá, que me motivó a seguir con mi preparación para la UNI desde casa, aun cuando no había dinero para academia. Así, me encerraba en la cochera con una mesa, una silla y un colchón en el piso que usaba cuando me cansaba de estar sentada, estudiando de 8 a. m. a 2 p. m.; almorzaba y luego reingresaba hasta las 8 p. m., quedando exhausta pero con la ilusión de ingresar a la universidad. Lastimosamente, a pesar de mis esfuerzos, postulé cuatro veces a la UNI sin lograr ingresar”, recuerda.

Alicia agrega que su madre, al observar que no había ingresado, le insistió en que postule a la Universidad Nacional Federico Villarreal, ingresando entre los primeros lugares. Este resultado le dio mayor confianza para estudiar; su familia estaba feliz, “pero internamente me sentía un gran fracaso por no haber ingresado a la universidad que yo deseaba: la UNI. En este contexto, al finalizar el primer año de estudios, donde acabé en el puesto 2 de la carrera, decidí volver a postular a la UNI”.

“Es aquí donde mi padre no entendió la situación, debido a la experiencia previa por no ingresar y a la cultura que aprendió por su entorno, prohibiéndome postular, basándose en frases como: ‘eres mujer y a las mujeres las mantienen’, ‘pisa suelo, eres mujer y ya has ingresado a una universidad’. Pero yo no podía con el sentimiento de fracaso que me invadía. A pesar de la oposición, decidí postular. Para pagar el derecho de postulación a la UNI, trabajé atendiendo en una panadería entre diciembre y febrero. El primero de febrero renuncié y me preparé hasta el examen, como unos años antes, solo que esta vez con una visión distinta. Contaba con el apoyo de mi mamá; mi padre dejó de oponerse, no me alentaba, pero tampoco dijo nada en contra. Con todo ese entorno, me presenté al examen con la mayor seguridad que había obtenido, y así pude ingresar a la UNI. Ese fue el primer gran reto que tuve que enfrentar, porque no esperas que la oposición venga de tu familia más íntima”, relata Alicia.

“Al enterarnos de que ingresé, en casa nos pusimos muy contentos, pero mi padre no estaba porque trabajaba hasta la madrugada. Recuerdo que cuando llegó, se acercó a mí de noche, me besó en la frente y me dijo: ‘estoy orgulloso de ti’, mientras brotaban lágrimas en sus ojos y en los míos. Fue la primera vez que lo veía llorar. Desde ahí nunca más desconfió de mis decisiones académicas; las apoyó y me acompañó en ceremonias de graduación y eventos universitarios”, recuerda con nostalgia. “Ese día me di cuenta de que, sin el apoyo de mi madre, no lo hubiera logrado. Su apoyo fue fundamental para no darme por vencida, dándome la confianza para lograr aquello por lo que tanto me había preparado”, añade la destacada investigadora de la UCH.

Su consejo para las jóvenes es perseverar pese a las dificultades. “Si su pasión es la ciencia, su mayor poder no es su apellido ni su bolsillo, es su disciplina inquebrantable y perseverancia. No esperen tener las condiciones perfectas ni el aplauso de todos para empezar; el reconocimiento llega solo cuando demuestras con hechos que tu hipótesis sobre ti misma siempre fue la correcta”. Alicia sostiene que el fracaso no define a una persona, sino la capacidad de levantarse y continuar. “Crean en ustedes, incluso cuando otros no lo hagan. Hoy soy plenamente feliz haciendo investigación, que es lo que amo. Así que luchen por ser exactamente quienes quieran ser; no dejen que nada ni nadie las defina, excepto su propia determinación”, concluye.

Ciencia, igualdad y formación humanista en la UCH

Las experiencias compartidas reflejan el compromiso de la Universidad de Ciencias y Humanidades con una formación científica basada en valores humanistas, equidad y responsabilidad social. A través de sus docentes e investigadoras, la UCH reafirma su apuesta por una educación que impulse el talento femenino, promueva la igualdad de oportunidades y contribuya a la construcción de una sociedad más justa, donde el conocimiento sea una herramienta de transformación y esperanza para las nuevas generaciones.